Lo que entendemos por barrio

Hace unos meses mi bibliotecario me recomendó la lectura de este libro (aprovecho para agradecérselo desde aquí, gràcies F!) . No puedo decir que sea fiel admiradora de Philip Roth porque de hecho, al igual que Antonio Castellote, empecé por donde no debía, pero he de decir que disfruté mucho con esta lectura y no puedo dejar de releer estas líneas de «Pastoralia americana» por lo bien que definen el barrio, no como un lugar físico, sino como un lugar de la memoria.
«…un barrio es, quizá por definición, el lugar donde un niño presta espontáneamente toda su atención; es la manera en que el significado llega a los niños sin filtros, simplemente fluyendo de la superficie de las cosas. Sin embargo, cincuenta años después os pregunto ¿Ha vuelto a ser la inmersión tan completa como lo fue en aquellas calles, donde cada patio trasero, cada casa, cada habitación de cada casa (las paredes, techos, puertas y ventanas del piso de la familia de cada amigo) llegaron a estar tan individualizados?

¿Volveríamos a ser alguna vez unos instrumentos registradores tan precisos de la superficie microscópica de las cosas inmediatas, de las nimias gradaciones de la posición social transmitidas por el linóleo y el hule, por las velas de aniversario y los olores culinarios, por los encendedores de mesa Ronson y las celosías?…»

En un momento histórico en el que la aproximación a cualquier disc¡plina debería basarse en objetivos globales puestos en práctica desde lo local, el barrio se presenta como la unidad de trabajo idónea por ser el espacio de la identidad y la memoria colectivas. Ahora bien, sin la implicación de la colectividad, este trabajo se diluye en la maraña de manchas de colores de un documento de planeamiento, ajeno a esa memoria que sólo desde la ciudadanía puede  ser recualificada y puesta en valor. Cualquier otra cosa, será una imposición, un traje (puede que incómodo o puede que no) al que nos habremos de acomodar.

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